Monster: The Lizzie Borden Story nos lleva hasta Fall River, Massachusetts, en 1892, para contarnos la historia de Lizzie Borden, una mujer acusada de asesinar con un hacha a su padre, Andrew, y a su madrastra, Abby. El caso conmocionó a Estados Unidos y terminó convirtiéndose en uno de los crímenes más famosos de la historia del país.
Pero la serie no se limita a reconstruir el crimen. A medida que avanza, va conectando la historia de Lizzie con la de otras mujeres relacionadas con la violencia y con la imagen de la mujer convertida en “monstruo”, especialmente Aileen Wuornos y Elizabeth Báthory. Y es precisamente ahí donde, para mí, la serie encuentra una de sus partes más interesantes.
Me ha gustado mucho.
Y creo que lo que más me ha gustado es que esperaba encontrarme principalmente con la historia de Lizzie Borden y, sin embargo, la serie va mucho más allá. No solo habla de Lizzie, sino que durante toda la historia va estableciendo conexiones con Aileen Wuornos y con Elizabeth Báthory.
Ese juego de historias me ha parecido muy interesante, porque hace que no estemos simplemente viendo una recreación de un crimen famoso. Estamos viendo cómo diferentes mujeres, en épocas completamente distintas, terminan convertidas en figuras relacionadas con la violencia, el miedo y la fascinación que producen las mujeres que se salen de lo que la sociedad espera de ellas.
Además, me ha gustado mucho que estas historias no aparezcan simplemente como un añadido. Están presentes durante toda la serie y se van relacionando con la historia de Lizzie, haciendo que constantemente estemos pasando de una a otra.
Son tres mujeres muy diferentes y separadas por siglos, pero la serie consigue que terminen formando parte de una misma historia.
El caso de Lizzie Borden sigue siendo uno de esos crímenes en los que resulta muy difícil separar la historia de la leyenda. Lizzie fue acusada de asesinar a Andrew y Abby Borden el 4 de agosto de 1892, pero fue absuelta en el juicio del año siguiente. La enorme repercusión del caso, la prensa y la famosa rima infantil contribuyeron a convertirla en una figura casi legendaria.
Y precisamente porque no sabemos con certeza qué ocurrió realmente, la historia se presta muchísimo a la ficción. La serie aprovecha ese espacio para imaginar qué pudo haber detrás de la figura de Lizzie y para construir su propia versión de los acontecimientos.
Lo interesante es que la propia Netflix reconoce que la serie utiliza muchas licencias creativas y que algunas de las conexiones que vemos en pantalla, especialmente las relacionadas con Aileen Wuornos, son completamente ficticias.
Aquí hay que tener bastante claro que Monster: The Lizzie Borden Story no pretende ser un documental. La serie parte de hechos reales, pero construye alrededor de ellos una historia muy dramatizada.
La relación entre Lizzie y Bridget, por ejemplo, está presentada de una manera que no podemos demostrar históricamente. Tampoco existe evidencia de que Aileen Wuornos tuviera una relación real con la historia de Lizzie Borden o de que estuviera obsesionada con ella como muestra la serie.
Pero creo que aquí está precisamente la clave para disfrutarla: entender que la serie utiliza la historia real como punto de partida para hablar de algo más amplio. No intenta decirnos solamente “esto fue lo que pasó”, sino plantear una interpretación de estas mujeres y de la forma en que han sido convertidas en monstruos por la historia y por la cultura popular.
El reparto me ha gustado mucho. Ella Beatty consigue construir una Lizzie que resulta complicada de leer y que va cambiando a medida que conocemos lo que ocurre a su alrededor.
Vicky Krieps tiene además el reto de interpretar a dos personajes completamente diferentes: Bridget y Elizabeth Báthory. Me ha gustado especialmente ese juego porque refuerza todavía más la conexión entre las diferentes historias.
Y luego está Sarah Paulson como Aileen Wuornos. Su aparición cambia completamente el tono de la serie y, aunque pueda parecer extraño introducir una historia que sucede casi un siglo después, precisamente esa decisión es una de las cosas que más me han llamado la atención. Aileen no está ahí porque exista una conexión histórica entre ella y Lizzie, sino porque la serie quiere construir una conexión temática entre ambas.
La serie tiene una estética muy cuidada y una recreación de época que ayuda muchísimo a entrar en la historia. Pero también tiene momentos muy exagerados y muy propios del estilo de Ryan Murphy, con violencia, sangre y situaciones bastante impactantes.
Y creo que esa mezcla funciona especialmente bien cuando la serie pasa de la historia de Lizzie a las historias de Aileen y Elisabetha. No parecen simplemente tres relatos separados, sino diferentes piezas de una misma idea.
Me ha gustado especialmente cómo utiliza esos cambios temporales para que las tres mujeres estén presentes de alguna manera en la historia de las demás.
Aquí hay bastante que comentar porque la serie se toma muchas libertades.
Se inventan situaciones relacionadas con los asesinatos, se dramatiza la relación entre Lizzie y Bridget y se construyen conexiones entre personajes que históricamente nunca existieron. La presencia de Aileen Wuornos en la historia de Lizzie es, directamente, una creación de la serie.
También se utilizan elementos de la vida posterior de Lizzie y de su relación con la actriz Nance O'Neil para construir una historia más amplia sobre quién era realmente Lizzie después del juicio. Esa relación sí tuvo una base histórica, aunque algunos aspectos de su naturaleza siguen siendo objeto de debate.
Por eso creo que hay que verla como una interpretación de la historia de Lizzie Borden y no como una reconstrucción exacta de lo sucedido.
Creo que esta es la parte que más me ha gustado de toda la serie.
Más allá de averiguar si Lizzie fue realmente culpable o no, la serie habla de cómo la sociedad ha construido la imagen de determinadas mujeres como monstruos. Y para hacerlo, pone a Lizzie junto a Aileen Wuornos y Elizabeth Báthory.
Son mujeres de épocas diferentes, con historias completamente diferentes y con crímenes muy distintos, pero la serie encuentra un punto en común: la fascinación que han provocado y la manera en que sus historias han sido contadas, exageradas y convertidas en leyenda.
Por eso me ha gustado tanto que Aileen y Elisabetha estén presentes durante toda la historia. Al principio puede parecer que no tienen nada que ver con Lizzie, pero poco a poco entiendes que forman parte del mismo juego que plantea la serie.
Es como si la historia de Lizzie no terminara en 1892, sino que siguiera influyendo en otras historias de mujeres consideradas monstruosas.
Sin duda, el juego entre las tres historias.
Me ha gustado muchísimo que la serie no se quede solamente en Lizzie Borden. Que aparezcan Aileen y Elisabetha y que sus historias se vayan entrelazando con la de Lizzie hace que la serie tenga algo diferente.
Especialmente me ha gustado que ese paralelismo esté presente durante prácticamente toda la historia. No es simplemente que al principio nos presenten a Lizzie y luego aparezcan otros personajes. Las tres historias están constantemente dialogando entre ellas.
Y eso ha hecho que me interese más la historia de Lizzie y que, al mismo tiempo, quiera saber más sobre Aileen y Elisabetha.
Si tuviera que ponerle una pega, sería que en algunos momentos la serie se pasa de exagerada y hay decisiones que pueden resultar demasiado forzadas.
Sobre todo cuando mezcla hechos reales con elementos completamente inventados, puede resultar difícil distinguir qué parte pertenece a la historia de Lizzie y qué parte pertenece a la interpretación que hace la serie.
Aun así, en mi caso no ha conseguido que dejara de disfrutarla, porque precisamente ese juego entre realidad y ficción es también una de las cosas que me ha parecido más interesante.
Después de verla me he quedado con ganas de saber más sobre Lizzie Borden, pero también sobre Aileen Wuornos y Elizabeth Báthory.
Y creo que eso es algo que la serie consigue hacer muy bien: utilizar la historia de una mujer para llevarte a investigar la historia de otras dos.
También me ha hecho pensar en lo diferente que puede ser la forma de contar la historia dependiendo de la época y de quién la cuente. En el caso de Lizzie, ni siquiera sabemos con absoluta certeza qué ocurrió realmente, pero su figura ha terminado formando parte de la cultura popular.
La serie juega precisamente con eso y convierte esa leyenda en una historia mucho más amplia.
Monster: The Lizzie Borden Story me ha gustado mucho, sobre todo por la manera en la que utiliza la historia de Lizzie para hablar también de Aileen Wuornos y Elizabeth Báthory.
Me ha parecido muy interesante ver cómo las tres historias se van relacionando y cómo la serie establece paralelismos entre mujeres separadas por siglos, pero unidas por la forma en la que sus historias han sido convertidas en leyenda.
Es cierto que hay muchas cosas que la serie cambia y que no debemos tomar todo lo que vemos como hechos históricos. Pero, en mi caso, eso no ha sido un problema porque lo que más me interesaba era precisamente esa forma de contar la historia.
Al final, más que quedarme solamente con la historia de Lizzie Borden, me quedo con las tres: Lizzie, Aileen y Elisabetha. Y creo que ese es precisamente el motivo por el que la serie me ha gustado tanto.
Una historia sobre tres mujeres, tres épocas y una misma fascinación por convertirlas en monstruos.



